La lechuza común ha sido elegida por SEO/Birdlife ave del año 2018 por el declive que sufre esta especie protegida.Tatavasco

Ave rapaz y nocturna, la lechuza ha sido desde antiguo un símbolo de la sabiduría filosófica, pero también ha soportado supersticiones que la calumnian. Hoy su población está disminuyendo y es necesario que conozcamos y apreciemos su valor

Mal deben de tener la vida las poblaciones de lechuza común en España para que la SEO (Sociedad Española de Ornitología) las nombre Ave del Año 2018. Quien asignó a esta rapaz nocturna el nombre científico de ‘Tyto alba’, bonito y a la vez elocuente, se fijaría en su disco facial blanco en forma de corazón que la hace inconfundible –y quizás algo enigmática–, con esos dos ojos plantados como para escudriñar lo oculto.

Seguramente la SEO busca llamar la atención sobre los descensos de población que sufren, cada vez más acusados en algunos lugares. Los observadores de esta ONG ya no ven a la lechuza volar sobre el olivar, como nos cantaba Antonio Machado al describir su viaje hacia la catedral para beber del velón de aceite. Allí san Cristobalón la quiso espantar pero la Virgen intervino en su favor; la lechuza, agradecida, le llevó un ramito de olivo –un recuerdo del árbol que fabrica el tesoro del aceite que alumbraba en las iglesias–. ¿Estaría en el líquido la sabiduría que dicen que acumulan las observadoras rapaces? La lechuza cantada por Tomás de Iriarte en una de sus fábulas no pudo alcanzar ese tesoro.

La lechuza, confiada o necesitada, no desdeña la proximidad de los humanos; anida en construcciones en ruinas, en tranquilos campanarios, y se cuela también en desvanes y graneros. Si no encuentra acomodo ahí lo busca en bosques abiertos, pero no pierde el tiempo en fabricar nido, prefiere huecos de árboles. La transformación del paisaje agrícola está perjudicándola, debe ser que los roedores o insectos de los que se alimenta también escasean; unas y otros cumplen una función básica en la malla trófica de la modificada vida natural. En su disminución acaso ha influido también la creencia de que estas aves no presagian nada bueno (un proverbio mexicano decía “cuando la lechuza anda, indio muere”), o será que la vemos ligada a la noche, que por su oscuridad da miedo. Acaso el grito lastimero y siseante que emiten sea un presagio de los peligros que ellas sienten al acercarse a nosotros. La gente rural las espantaba pensando que traían mala suerte. A pesar de que vuela por casi todo el mundo –siempre de forma discreta– hay muchas personas que no han visto nunca una, ni siquiera saben por qué son beneficiosas. Seguro que muchos jóvenes ni le pondrían cara.

Sin embargo, junto al desprecio popular, ha gozado de reconocimientos varios. Era el ave consagrada a la Atenea griega (debían abundar por la Acrópolis). Así no es extraño que fuese el símbolo de Atenas y copase el reverso de los dracmas griegos durante siglos. Bajo la forma de la lechuza de Minerva –la diosa de la sabiduría y de la guerra, por eso figuraba en los estandartes de algunos imperios– interesó a los filósofos desde Platón hasta Hegel; este la destinaba a recoger lo sucedido en el mundo y emplear sus registros para dialogar y así hacerlo más habitable. Aunque, claro, la sabiduría, incluso mezclada con el razonamiento, no siempre es ética y eso nos pierde. La lechuza también ha sido titular de novelas y libros que han utilizado su simbología –la turbulenta Patricia Highsmith entre ellas–, pero también fue compañera inseparable del Harry Potter de J. K. Rowling (cuenta ‘Global Ecology and Conservation’ que por eso fue acogida como mascota en Indonesia, lo que provocó el aumento de un comercio ilegal que casi las extermina).

El sentido de los poderes asignados a los animales en la cultura universal es variopinto: va desde la idealización al menosprecio, incluso en ocasiones coinciden ambos matices. Hasta la RAE duda. En su diccionario habla de que lechuzo es lo mismo una persona sin sustancia o de poco juicio –no sabemos si para vengarse de la compleja sabiduría de Minerva– que aquel emisario que se encarga de llevar apremios y otros recados –aquí nos viene a la memoria la compañera de Potter–.

Como ven, semejante animal está muy presente en nuestra cultura. No se puede perder, escuchemos y ayudemos a la SEO a que así sea. Si dudan, búsquenla en la web de National Geographic, disfrutarán de su delicada prestancia y verán ese rítmico movimiento de cabeza –puede girarla casi 180 grados–, detrás del cual alguien duda si esta rapaz no esconderá algo mágico como la noche, con o sin sabiduría.

 

Fuente: heraldo.es   Autora: Carmelo Marcén Albero

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