Águila imperial y otras aves rapaces sortean las carreteras ruidosas

Los sonidos estridentes perjudican la reproducción y alimentación de los pájaros.

Ante el tráfico, la maquinaria y los equipos electrónicos, las aves, a diferencia de los humanos, no pueden ponerse tapones en los oídos o cerrar las ventanas. Pero tienen sus propias estrategias para sortearlos. Aunque no siempre con éxito

El biólogo y ornitólogo Miguel Ferrer, coordinador del CSIC en Andalucía, destaca la existencia de numerosos estudios, en los que se han demostrado los “efectos subletales” que causan los ruidos a las aves. “No son efectos suficientemente graves como para producir mortalidad o la disminución de la fecundidad de las aves; pero sí aumentan el nivel de estrés y alteran el metabolismo y la frecuencia cardíaca”. Las aves que viven en zonas próximas a campos de tiro ven aumentada su frecuencia cardíaca y sufren una aceleración de su metabolismo.

Los efectos subletales se añaden a la precaria salud de estos animales, lo que en algunos casos puede conducir a la muerte de estos.

Cuando los pájaros se encuentran debilitados, los efectos subletales se añaden a su precaria salud, lo que puede dar lugar a que se agraven los daños, hasta que finalmente se produce la muerte, o a una disminución de la fertilidad de las poblaciones. “El ruido afecta principalmente a la reproducción de las aves, directa o indirectamente, ya que también afecta al cortejo y a la alimentación.

Con el ruido, las aves se reproducen, pero se estresan más, se alimentan peor e, incluso, dejan de reproducirse porque no se escuchan entre los dos sexos en algunas poblaciones”, dice Nicolás López-Jiménez, responsable de conservación de especies amenazadas de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife).

Numerosas especies eligen puntos para nidificar que estén lejos del bullicio o el estruendo

Numerosas especies eligen puntos para nidificar que estén lejos del bullicio o el estruendo. Las rapaces, por ejemplo, evitan sobrevolar las zonas próximas a carreteras molestas, según concluyeron investigadores del CSIC en un estudio aparecido el 2004 en Conservation Biology.

En él se analizaron los movimientos de 18 especies de rapaces –incluyendo el águila imperial ibérica– en una franja de 18 km cercana a carreteras especialmente transitadas por conductores que salían a la sierra de Madrid el fin de semana. Las aves se movían rara vez sobre estas vías los sábados y domingos para eludir los ruidos, mientras que volaban con normalidad de lunes a viernes sobre las vías sin apenas tránsito.

El ruido hace cambiar sus comportamientos. Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CNMN) descubrieron que los pájaros que habitan enclaves cercanos a aeropuertos se despiertan antes para evitar las horas de mayor tráfico aéreo. Madrugan para defender sus territorios y

cernícalo primilla (Falco naumanni )

cernícalo primilla (Falco naumanni )

atraer a las hembras. Reducen el tiempo durante el cual su canto se solapa con el ruido que producen los motores de los aviones.

La consecuencia es que, por culpa del ruido, las aves prolongan su estado de vigilancia en detrimento del tiempo que dedican a procurarse alimentación. “Cuando hay mucho ruido disminuye la capacidad de detectar posibles depredadores y de comunicarse. Es como si las aves se quedaran momentáneamente sordas”, dice Diego Gil, investigador del MNCN. El trabajo se hizo en enclaves afectados por el aeropuerto de Barajas.

Diversas estrategias

Diversos estudios han puesto de manifesto diversas estrategias de las aves para contrarrestar el ruido, como recurrir a tonos más agudos para sortear los sonidos graves de la ciudad, elevar el volumen o cantar en periodos con menos ruido de fondo, lo que constituyen esfuerzos de adaptación.

Los pájaros cada vez tienen que cantar más fuerte y durante más tiempo para hacerse oír y compensar el ruido urbano (tráfico…). Así lo indica un estudio capitaneado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En él se concluyó que los verdecillos, unos pequeños pájaros hermanos de jilgueros, pinzones, pardillos o gorriones, contrarrestan los ruidos urbanos dedicando cada vez más tiempo a hacer valer sus habilidades cantoras. El estudio, que fue publicado por la revista Behavioral Ecology, sintetiza el seguimiento de un grupo de expertos en un parque periférico de Toledo próximo a una autovía. Las aves dedican más tiempo a cantar para poder reducir las interferencias acústicas relacionadas con la actividad humana. Para ello diferenciaron entre días laborables y los fines de semana. Otro estudio del CSIC observó que el verdecillo canta mucho menos los fines de semana, cuando hay menos ruido ambiente.

En busca de ruidos

Miguel Ferrer explica otro recurso de adaptación al medio. Algunas aves tienen especial predilección por zonas con ruidos, precisamente porque saben que sus competidores no los toleran. El ruido les sirve para librarse de sus depredadores. Este es, el cernícalo primilla (Falco naumanni ), que suele ser presa de otras grandes rapaces, excepto cuando cría en la ciudad. Los ruidos molestos son un escudo protector para él. Por la misma razón, el colibrí barbinegro ( Archilochus alexandri), que vive en América del Norte, selecciona las áreas ruidosas, como por ejemplo lugares cercanos a los pozos de gas, para evitar los depredadores de sus nidos, menos tolerantes a los sonidos atronadores.

Fuente: lavanguardia.com

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